Un encuentro conmigo.

No sé porqué siempre he sido tan extremista en cuanto a mi manera de sentir, es como si sintiera todo a un nivel tres veces más alto que las demás personas, y por las noches suelo ser muy vulnerable, pero es que todo empieza a invadir mi mente, y los pensamientos comienzan a atormentarme. Me cuestiono desde cual es mi propósito en esta vida, hasta si habrá alguien trabajando por la cura de alguna enfermedad mortal. 

Para colmo, la soledad se hizo presente hoy, otras veces la necesito, pero hoy no. Hoy me duele la vida, me duele el respirar, me duele el alma, me duele tener que aguantar todo el dolor que me ha invadido desde niña y siempre tener que guardarlo en vez de gritarlo, estoy cansada de siempre tener que callar y reprimirme.  Me siento en un rincón de la habitación, y coloco mis manos alrededor de mis piernas, bajo la cabeza sabiendo que ya no puedo contener el llanto, y las lágrimas comienzan a salir como si se tratara de dos cataratas. 

Aquí viene lo peor, el encuentro conmigo misma; Hola, Katleen. Hace mucho vienes postergando este momento, y aunque me has huido aquí  estás, te he notado muy distante y poco sonriente, como si algo hubiera apagado tu risa, te cuesta dormir por las noches, y por los días dices muy poco, tu mirada luce perdida, y ese verde en tus ojos luce apagado. 

Aunque te he evitado, confieso que te he echado de menos, y quizá lo que más temía era escucharte, y no quiero que vayas a culparme, pero es que con los años parece que el orgullo nos va ganando y a causa de ello evitamos todo aquello que llega a desordenarnos la calma, y hasta llegamos a creer que huir de todo es la única forma de no malgastar la vida. No hace falta confesarte que me siento frágil y vacía, y que en más de diez veces le he permitido al mundo verme de rodillas, siento que ya perdí la fe en mí misma, y que mis sueños se burlan de mí, parece como si lo muerte me alejó de alguien a quien me he negado rotundamente dejar ir, porque no he aprendido o soy muy cobarde como para decir adiós, ya no sé qué hacer conmigo, y es como si comenzará a molestarme  y estorbarme, pero a lo mejor es porque nunca me había sentido tan sola, siempre traté de huir de los corazones cobardes, y es por eso mismo que quiero huir de mí, y quizá llegue ese día en que me encuentre a mí misma, menos idealizada y más humana, y logre aceptar que no siempre  (o quizás nunca voy a tener el control de todo), ojalá pudiera encontrarme y liberar mi alma para sentirme en libertad, y dejar esa fachada que he construido a punto de miedos. 

Réquiem 

​Un sábado por la noche, faltan minutos para que termine este día, las gotas de lluvia se deslizan por el techo, y el frío me cala hasta los huesos.

No puedo dormir y me siento en medio de la cama, salgo del cuarto directo a buscarte y te veo allí, tan seductor, como si se tratara de una mujer esperando por su amado para incitarlo a pecar.

Me siento a tu lado, y paso mi mano por todas tus superficies, doy un fuerte respiro, cierro mis ojos, y tiro mi cabeza hacia atrás, comienzo a desnudar esa avalancha de emociones que me está haciendo caos por dentro, y siento como si me hablaras con un tono de reclamo esperando por que te haga mío, no quiero echar a perder el momento, comienzo a tocar, lo único que sale es una triste melodía, y me detengo, pero siento como si estuvieses gritándome que termine de una vez lo que empecé.

No sé lo que sucede, no sé porqué siento todo esto, porqué todo duele de más, las notas comienzan a sonar en mi mente, y es como si mi cabeza estuviera tocando un réquiem, ahora siento como si un escalofrío recorriera mi cuerpo, y es allí cuando me desnudo por completo y me muestro ante vos tal como soy, en mi más pura imperfección, con todos mis miedos, y errores, pero es allí también donde nos conectamos, no me juzgas, ni me preguntas por mis emociones, solo soy yo, haciéndote el amor en cada nota, explotando en esa melodía todo el dolor que me invade, y vos no te conformas, me conoces muy bien y sabes todo lo que puedo llegar a hacer, mis manos se aferran cada vez más a tus teclas, y vos sos ese amante que nunca se cansa, que se conecta hasta con mi espíritu haciendo una armoniosa fusión, y llega el punto que llegamos al final, y logramos esa perfecta melodía, paso del momento en que tenía todo el dolor en mi cabeza y logré plasmarlo con un par de acordes, a un momento de satisfacción cuando lo escucho, y aunque suena muy triste, no importa, está bien, eso servirá para que los demás puedan sentir mi ser rompiéndose en esa melodía, después de todo no sólo se trata tocar, es hacerle el amor al piano, es dejar tu alma en cada tecla, es morir mientras suena tu réquiem.

La carta que no quiero que leas.

A lo mejor, alguna vez llegará ese día en que reuna todo el coraje del mundo y por fin decida llamarte y decirte todo lo que he callado mientras no has estado, explicarte que no te eliminé de mis redes sociales porque ya no te quería más, al contrario lo hice porque me dolía verte con alguien más, me dolía ver tu indiferencia hacia mí, aunque sé que lo merecía, no me alejé porque ya no importaras, lo hice porque había caído en un estado grave de depresión, en el que no quería hacer nada más que auto-destruirme leyendo nuestras conversaciones, escuchando las canciones que nos habíamos dedicado, o incluso leyendo lo que escribías para alguien más, y ese tipo de cosas son las que entran como veneno y se van esparciendo poco a poco, y no te mata al instante, sino que lentamente, y fue entonces que comprendí que nadie podía salvarme, excepto yo misma, decidí hacer algo por mi. No sé si alejarme fue lo mejor, he tenido días muy buenos, he logrado vivir días llenos de gratitud conmigo misma, me ha costado llegar a ese punto de mi vida porque siempre he sido demasiado inestable en cuanto a mis sentimientos y emociones, y no lo niego a veces tengo también noches terribles, en las que me he visto como niña de cuatro años perdida y asustada, queriendo solamente encontrar los brazos de su mamá, noches en las que me es imposible negar lo mucho que extraño que estés allí escuchándome, o simplemente en silencio, y es que con vos hasta los silencios eran diferentes, no eran de esos que se sienten en el aire, sino de esos que te hacían sentir bien, extraño despertar y ver mi celular sin uno de tus mensajes, o que llegue la noche y saber cómo estuvo tu día, odio cuando es la tristeza quien me abraza en vez de vos, a veces siento que hasta la tristeza tiene tu voz, pero suena demasiado distante.

Es gracioso que esté escribiéndote nuevamente cuando ya había dicho que no lo haría más, pero escribir para vos es tenerte, aunque sea sólo un instante.

Y no sé cómo decirle al amor de mi vida que sea feliz con alguien más, pero espero que podás serlo, que amés con todo tu ser hasta que llegués a saborear la felicidad nuevamente, te agradezco por mostrarme que el amor existe, aun en la distancia y sin necesidad de un solo roce, gracias por dejar que me quedara a vivir en cada espacio roto de tu ser, gracias a ello fue que comprendí que viviendo en la tristeza de alguien mas, lo más valioso que esa persona puede darte es un pequeño hueco en esos pequeños instantes de felicidad.

Un abrazo de esos que te vuelven a armar, a tu recuerdo.
K

Conversación de dos extraños, con recuerdos en común.

Yo: Es muy probable, que ya no te preguntes si mis letras escriben sobre vos,
y a lo mejor, ya no te interesa si lo hago, lo cierto es que;
después de tu partida en tus maletas te llevaste todo,
empacaste tus sentimientos, tu tristeza, tu desilusión,
y que bueno que solamente te hayas llevado todo lo tuyo, pero qué va.
Te llevaste mi sonrisa, mi alma, mis ganas de vivir,
y lo más preciado que tengo; mis letras.
Mis pobres letras no tenían culpa de nada,
de hecho fueron la mejor parte de todo,
con mis letras pude navegar el océano de tu alma,
es cierto que quizás por descubrir ese nuevo mar pudo ser algo tormentoso mientras lo hacia,
pero descubrí que no solo eras agua, también eras tierra,
diría que un poco maltratada pero con esfuerzo logré trabajarla
y logré que brotarán unas hermosas amapolas (tu sonrisa),
con mis letras pude acariciar tu corazón,
sostenerlo y acariciar cada una de sus heridas,
quise resguardarme en el,
y hasta le puse un columpio para jugar todas las mañanas,
con mis letras, llegué a desnudar tu alma,
me sé de memoria las muchas veces que te hice poema.
Puedo odiar todo de éste mundo,
pero amo con cada fibra de mi ser las letras,
y aunque te las hayas llevado por error o con intención,
lo cierto es que aquí todavía yacen garabatos en los que seguís habitando,
una vez que se encuentra una musa que te haga crear un mundo mejor,
es difícil dejarla ir…

-Yo te quise, te quise tanto, Hasta que encontré agotado mi amor por ti…

Yo: No me preocupa, porque lo tenes guardado entre tus maletas.

-Las maletas las deje tiradas en una estación de bus.

Yo: Y que dentro de tu desesperación por llegar, seguro no notaste que había que ponerle nombre al equipaje, y aunque lo hayas nombrado olvido, sigue guardado en aquella estación.

– Seguirá ahí hasta que alguien más quiera sacarlo, aunque pesa demasiado, imaginó que no querrán cargar con tremendo huracán.

Yo: ¡Gente idiota! Acaso no se dan cuenta que el mundo necesita más gente que ame los huracanes, y no solo aquella, que dicen amar la lluvia, pero en la primer tormenta se van.

– Prefiero que se queden con su lluvia no los culpo, es difícil levantarse luego de un huracán, mas si te deja no solo el alma o el corazón, sino hasta las piernas rotas.

Yo: No es mi caso, no sólo me gusta la lluvia y el huracán, yo me quedo con tu caos, ese que en momentos se torna perfecto, irradiando tanta paz.

– No puedo decir lo mismo, solo fuiste un huracán…

Yo: Tampoco estoy poniendo palabras en tu boca, cuando lo único que quiero es poner es mis besos en ella.

Círculos viciosos

Ya había aceptado que no estarías mas a mi lado,
lo que seguía no era olvidarte,
porque pienso que alguien a quien amo de la manera que lo hice con vos no debo ni puedo olvidarla.
Pero si era necesario que dejará de pensarte y era precisamente lo mas difícil. En un par de meses seguía pensándote, pero ya no sangraba cuando lo hacia.
De pronto recibo un mensaje tuyo, y mi corazón se acelera, como un adolescente cuando ve a la niña que le gusta, no caigo en tu juego, me fallo a mi misma, y vuelvo otra vez desde el comienzo, anhelandote, pensándote y deseando poder gritarte todo este amor que me está consumiendo, volví justo donde no quería estar…

Dolor…

Has sentido alguna vez como si una bola de fuego se apodera de tu garganta y es como si fuera quemando tus entrañas hasta bajar y llegar a tu estómago, y es como si golpeara todos tus órganos y de pronto estas prendida en fuego, comienzan a caer lágrimas de tus ojos, y aunque respires como si estuvieras en el Amazonas no lograrás contener el llanto, si lo has sentido sabrás que ese es DOLOR en su más pura y máxima expresión…

Lluvia y mis delirios.

Es una tarde de junio, llueve allá afuera, y dentro de mí también, lo raro esta vez, es que; la lluvia no viene acompañada de recuerdos dolorosos, sino que viene cargada de vos, no lo niego que en mis tardes siempre estás presente, pero la lluvia me pone nostálgica, y las ganas de tenerte aumentan.

Voy a la cocina a prepararme un café, para así intentar engañar mi mente y no pensarte mas, y en efecto, el olor a café recién hecho cautiva mi mente, lo sirvo en mi taza, y me voy a sentar al patio de atrás de mi casa, es un lugar bastante tranquilo, y puedo ver a gusto la lluvia, tomo mi primer sorbo, y recuesto mi cabeza sobre el respaldar de la silla, cierro los ojos y te veo, con tu sonrisa rota, pero tan radiante, estas frente a mi, y te siento tan cerca que hasta puedo sentir tu respiración, sostengo tu mano y fijas tu mirada con la mía, mientras con la otra mano me quitas mi taza de café y bebes de ella, yo continúo viéndote fijamente, y vos me sonreís, y es como si tranquilizaras mis demonios, no lo pude disimular y enseguida te diste cuenta de ello, y esta vez tu sonrisa cambió de radiante, a un tanto pícara, y así seguía ese extraño ritual de café y sonrisas, tus labios eran lo que más me llamaba la atención, entre nervios y mi indecisión me acerqué más, tu boca estaba demasiado cerca de la mía, y vos me mirabas como dándome indicaciones, cuando quise rozar tus labios junto a los míos, abrí los ojos. Ya no estabas…